Transcripción - Reinventar el capitalismo para el siglo 21. Última actualización 03 de agosto, 2020

¡Hola! Este es el primer vídeo de la serie Creación de valor para el cliente. En él vamos a conversar sobre la necesidad de repensar la empresa para el siglo 21, para la cuarta revolución industrial. ¡Comencemos!


                  El siglo 20 fue un siglo de grandes cambios para la humanidad. La población mundial fue dejando la vida en el campo y comenzó a poblar las grandes ciudades. 

                  Las ciudades ofrecían mejores oportunidades para el progreso social y una mejor calidad de vida. En las ciudades comenzaron a concentrarse mejores servicios de educación y de salud. Había trabajos mejor remunerados y más posibilidades para el esparcimiento y el disfrute. 

                  Al comenzar el siglo 20 el mundo era fundamentalmente rural. En las ciudades vivía menos del 10% de la población.

                  Hoy en Estados Unidos el 82% de las personas viven en ciudades y en Europa ese porcentaje llega al 75%. 

                  En América Latina los porcentajes son parecidos. en Brasil la población urbana llega al 85% y en México es del 77%. En Argentina es del 90%, en Chile el 88%, Colombia el 73% y Venezuela ese porcentaje llega al 93%.

                  Las ciudades se convirtieron en gigantescos mercados y centros de negocios. Así surgieron millones de pequeñas, medianas y grandes empresas.

                  Sin duda, este modelo sacó a millones de personas de la pobreza y brindó oportunidades que nunca habían existido para tantas persona. Los grandes indicadores sociales como la esperanza de vida, la mortalidad infantil  o el nivel educativo medio, se incrementaron como nunca antes en la historia. 

                  Todo eso a pesar de dos guerras mundiales y una guerra fría que llevó a la muerte a miles de jóvenes y obligó a los países a destinar grandes recursos a la creación o adquisición de armas que nunca se usaron. 

                  Sin embargo, hay un consenso mundial que ese modo de vida, orientada al máximo consumo, olvidó que habitamos un planeta que posee recursos finitos y que dependemos de  ecosistemas complejos para sustentar la vida.

                  Hemos llevado la explotación de los recursos del planeta a sus límites: La atmósfera recibe millones de toneladas de gases como el CO2, que crean un efecto de calentamiento que amenaza el clima y con él los ciclos del agua, aumentando las  lluvias y las sequías en diversas zonas y otros efectos que los científicos pronostican que podrían llegar a ser catastróficos.

                  Lo mismo ocurre con los océanos, los ríos, la tierra. Los ecosistemas donde habita fauna silvestre están siendo devastados lo que podría provocar una extinción masiva de especies. 

                  El planeta ha pagado un alto precio por el modo de vida que nos hemos dado los humanos y en el siglo 21 este fenómeno comienza a pasarnos factura. 

                  En el corazón de ese modo de vida están las empresas, es por eso que cada vez más voces se suman a la idea de que tenemos que reinventar la empresa y el capitalismo para el siglo 21.
                      
                  ¿Qué tipo de capitalismo queremos ahora? 

                  ¿Qué tipo de empresa y que tipo de capitalismo necesitamos? 

                  Esta puede ser una pregunta fundamental y definitoria de nuestra era. Necesitamos abordar esta pregunta fuera de ruido de las ideologías y debates polarizantes. 

                  Si queremos sostener el modo de vida, los avances y las conquistas incluyendo el sistema económico de libre iniciativa mientras garantizamos las condiciones favorables para la vida en el planeta para las próximas generaciones, debemos abordar este tema con mucha responsabilidad.

                  El foro de Davos identifica que el problema está en el modelo que centra la acción empresarial en la creación de valor para el accionista. 

                  El modelo del capitalismo de los accionistas ha sido dominante durante los últimos 50 años.

                  Su ascenso no fue sin mérito. Durante su apogeo, cientos de millones de personas en todo el mundo prosperaron, ya que las empresas con fines de lucro desbloquearon nuevos mercados,  crearon nuevos empleos y dieron grandes aportes fiscales para mejorar los servicios públicos y la infraestructura.

                  Pero ésta fue sólo una parte de la historia. Los defensores del capitalismo de los accionistas, incluidos Milton Friedman y la Escuela de Chicago, habían descuidado el hecho de que una corporación que cotiza en bolsa no es solo debe poner todo el foco de su trabajo en satisfacer el afán de lucro de los accionistas, sino que también tiene una responsabilidad social y ambiental. 

                  Las presiones de los accionistas para obtener resultados a corto plazo impulsaron el enfoque únicamente en las ganancias e hizo que las empresas se desconectara cada vez más del impacto ambiental y social de sus acciones. Es decir este modelo pierde las perspectivas del largo plazo.   

                  Muchos se están dando cuenta de que esta forma de capitalismo ya no es sostenible. 

                  Sin embargo, una nueva consciencia emerge ahora. ¿Por qué?

                  El efecto Greta Thumberg

                  Una razón probable es lo que se ha llamado el efecto "Greta Thunberg". 

                  Esta  joven activista sueca que ha estado desde hace ya dos años en una huelga estudiantil, que inició ella sola frente al parlamento de su país y que hoy convoca a miles de adolescentes en todo el mundo, ha tocado la fibra y el corazón de miles de ciudadanos, recordándonos que la adhesión al actual sistema representa también una traición a las generaciones futuras, al que la actual generación le dejaría un planeta que es insostenible ambiental y socialmente. 

                  Las nuevas generaciones ya no quieren trabajar, invertir o comprar a compañías que carecen de valores más allá de maximizar el valor para los accionistas. Y, finalmente, los ejecutivos e inversores han comenzado a reconocer que su propio éxito a largo plazo está estrechamente relacionado con el de sus clientes, empleados y proveedores.

                  El resultado es que un nuevo enfoque del  capitalismo, llamado  el capitalismo de los stakeholders o partes interesadas ​​está ganando terreno rápidamente. 

                  El capitalismo de las partes interesadas en Davos

                  En su reunión anual el Foro Económico Mundial lanzó en enero de 2020 un nuevo "Manifiesto” llamado el manifiesto de Davos 2020, que establece que las empresas deben cuidar el ambiente, pagar una parte justa de los impuestos, mostrar tolerancia cero contra la corrupción, defender los derechos humanos en todas sus cadenas de suministro globales y abogar por un nivel competitivo justo para todos los jugadores de los ecosistemas empresariales.

                  Otros actores se han sumado a esta iniciativa del foro económico, como la organización Business Roundtable cuyos miembros son CEO´s y ejecutivos de importantes compañías de EE.UU y son el grupo de presión empresarial más influyente de ese país. 

                  En febrero anunciaron que abrazarían formalmente el capitalismo de las partes interesadas. 

                  Este movimiento viene cobrando fuerza e importancia a medida que más inversores buscan formas de vincular los beneficios ambientales y sociales con los rendimientos financieros.

                  Pero sostener los principios del capitalismo de los stakeholders, las empresas necesitan una nueva mentalidad para medir y evaluar el desempeño. 

                  Para empezar, una nueva medida de "creación de valor compartido" debe incluir objetivos "ambientales, sociales y de gobernanza" no solo como complemento de las métricas financieras estándar, sino como parte fundamental de ellas. 

                  Una métrica muy importante que debe cambiar, por ejemplo,  es la que mide la  la remuneración ejecutiva. Desde la década de 1970, la paga ejecutiva se ha disparado, principalmente para "alinear" la toma de decisiones de la administración con los intereses de corto plazo con los accionistas. 

                  En el nuevo paradigma de los stakeholders, los salarios deberían alinearse con las nuevas medidas, de manera que él refleje la creación de valor compartido a largo plazo.

                  Finalmente, las grandes empresas deben comprender que ellas mismas son las principales partes interesadas en nuestro futuro común. Claramente, todas las empresas deben tratar de aprovechar sus competencias básicas y mantener una mentalidad empresarial. Pero también deberían trabajar con otras partes interesadas para mejorar el estado del mundo en el que están operando. 

                  De hecho, esta última condición debería ser su propósito fundamental.

                  El paradigma de la creación de valor para el cliente 

                  Las empresas ágiles centran la creación de valor en el cliente y  establecen una nueva relación con los colaboradores y empleados en base a nuevos motivadores como la transparencia, la autonomía, el aprendizaje y un propósito que brinda un nuevo significado al trabajo. 

                  Las empresas ágiles desarrollan el sentido de propiedad en sus colaboradores y esto implica un nuevo tipo de compromiso entre las personas y la empresas. 

                  De hecho, muchas personas dicen que estamos en el umbral de un nuevo contrato social entre la empresa y sus colaboradores.

                  Si ampliamos el concepto de cliente al resto de los grupos interesados como los canales, los proveedores y aliados podemos observar como el llamado capitalismo de los stakeholders y el movimiento de la agilidad son compatibles y convergentes. 

                  En pocas palabras, el  Agile Management bien podría ser el sistema operativo de las empresas que abracen el capitalismo de los stakeholders.  

                  Poner al cliente en el centro implica volcar la creación y entrega de valor para el cliente como el nuevo paradigma de los negocios. 

                  El capitalismo de los stakeholders y un nuevo contrato social requieren centrar a las empresas a la entrega de valor para el cliente, puesto que son ellos los que pagan y deciden hacia qué empresas van los flujos de ingresos . 

                  Sin embargo, demasiadas empresas han olvidado que el objetivo principal de un negocio es servir a sus clientes y no ganar dinero. Una empresa gana dinero como consecuencia de servir a sus clientes y no al revés. 

                  Piense por ejemplo en un médico de una pequeña comunidad: la mayoría de las personas no se convierten en médicos para ganar dinero. Se convierten en médicos para servir a sus comunidades y salvar vidas. Ganan dinero como resultado de servir a ese propósito. 

                  ¿Por qué debería ser diferente para las empresas? 

                  Poner al Cliente en el centro no significa servir ciegamente a ellos o que los accionistas y los empleados no sean importantes. Significa que todo lo que la empresa hace, dentro del contexto de sus valores organizacionales, gira en torno a descubrir cómo crear valor y generar satisfacción para ellos.

                  Significa también, que el trabajo que se hace es para descubrir, desarrollar y entregar productos valiosos que los clientes necesiten y amen. 

                  La mayoría de las compañías dicen retóricamente que el cliente es su máxima prioridad, sin embargo,  cuando se trata de tomar una decisión que implique elegir entre el beneficio para el cliente o el de los accionistas, vemos que con mucha frecuencia eligen un camino que favorece a los accionistas.

                  Todos los ingresos, bonos y estímulos de los ejecutivos  así están diseñados.  

                  Para las empresas ágiles los clientes son los beneficiarios finales del valor que sus productos generan. 

                  La concentración en la creación de valor para el cliente es una mentalidad, pero también define una nueva ética de los negocios. Las empresas se enfocan en el diseño y la creación de experiencias satisfactorias para el cliente. 

                  Las empresas centradas en el cliente generan mayores ganancias, son más sustentables a largo plazo y tienen un mayor compromiso de los empleados mientras brindan un alto nivel de satisfacción de sus clientes.

                  Las empresas centradas en el cliente se alinean de manera más coherente a las actividades que hacen con el propósito que buscan. 

                  Es por esta razón, que las empresas centradas en el cliente ofrecen soluciones superiores porque están diseñadas en base a una empatía más profunda con los problemas y las principales preocupaciones de sus   clientes.   


                    
                  En resumen

                  • El modelo de capitalismo centrado en la creación de valor para el accionista creó un gran progreso durante el siglo 20. pero olvidó los efectos a largo plazo de sobre explotar los recursos del planeta y el daño causado al ambiente.

                  • Hay una conciencia creciente de que este modelo no es sustentable y que compromete las condiciones de la vida en el planeta para las generaciones futuras. Esto a creado una tendencia por transformar las empresas y la versión del capitalismo por uno que genere valor compartido a largo plazo.

                  • El capitalismo de los stakeholders ha surgido como una propuesta sólida desde el foro económico mundial y está movilizando la fuerza grandes fondos de inversión, responsables de políticas públicas, asociaciones empresariales y de ejecutivos para un cambio hacia un modelo sustentable.

                  Aquí termina este vídeo te invitamos a ver el siguiente llamado Tecnología y creación de valor.